sábado, 10 de octubre de 2009

MAS ALLÁ DEL MURO DEL SUEÑO H. P. LOVECRAFT



Me pregunto a menudo si la mayoría de la humanidad se
ha parado alguna vez a pensar en la enorme importancia que
a veces tienen los sueños, y en el oscuro mundo al que
pertenecen. Aunque la mayor parte de nuestras visiones
nocturnas no son quizá más que débiles y fantásticos reflejos
de nuestras experiencias vigiles ——en contra de lo que
sostiene Freud con su simbolismo pueril—, hay sin embargo
algunas cuyo carácter extramundano y etéreo permite una
interpretación excepcional, y cuyo efecto vagamente
emocional e inquietante sugiere posibles atisbos de una
esfera de existencia mental no menos importante que la vida
física, aunque separada de dicha vida por una barrera
infranqueable. Según mi experiencia, no cabe duda de que el
hombre, una vez perdida la conciencia terrena, reside en una
vida incorpórea muy distinta de la vida que conocemos, de la
qué, al despertar, sólo perduran los recuerdos más ligeros y
confusos. De estos recuerdos fragmentarios y brumosos
pueden inferirse muchas cosas, aunque es poco lo que se
puede demostrar. Es posible adivinar que en la vida onírica,
lo que la tierra entiende por vitalidad y materia no son
realidades necesariamente constantes; y que el tiempo y el
espacio no existen tal como nuestro yo vigil los comprende.
A veces creo que esta vida menos material es nuestra vida
más auténtica, y que nuestra vana presencia en el globo
terráqueo es en sí misma un fenómeno secundario o
meramente virtual.